Desde mi (más o menos) tierna infancia he tenido dos sueños que pensé que jamás cumplirían: que se incendiara el cole en horas de clase fue el primero (sí, nací siendo un pelín sádica.. aunque al final, lo más que hubo fue un aviso de bomba, o simulacro por aviso de bomba, o similares) y el segundo, desde que ví en Los Simpsons que podía pasar, es que el colegio cerrase por la nieve.

Y a todo esto, que el viernes me despierto a las siete y media con la intención de levantarme tarde, perder el autobús del instituto e irme de "etetés" (hay gente que va de bares, otros vamos a distintas ETT a ver si sale algún trabajo basura por ahí), hasta que mi madre me dice que ha nevado, y mucho. En quince minutos me visto, peino, pongo las lentillas y salgo corriendo cuesta abajo por la nieve (¡dí que sí!) rezando por no perder el bus escolar. Qué bus, claro... en tres calles que pisé, dos de ellas tenían problemas con los coches, todas problemas con la nieve y el hielo.. y los conductores de autobús no son gilipollas. Le había prometido a mi madre que si no había autobús volvía a casa, pero una desconocida me invita a subir a su coche, dice que ella va al mismo pueblo que yo y que me lleva, si es que podemos llegar. Acepto sin dudarlo. Por más que fuera una psicópata asesina (o, peor aún, una profesora de matemáticas), la carretera está llena de hielo, es cuesta abajo y si quisiera matarme sería jodidamente sencillo salir del coche y seguir andando. Me llama mi madre y le cuento la situación, ella me grita que soy gilipollas y que cómo pienso volver a casa. Lentamente pasamos por otro problema de tráfico, que no parecía accidente pero tenía a al menos un kilómetro de coches retenidos, y llego a mi instituto. Que, por supuesto, era lo que menos me interesaba. El motivo real por el que había bajado era por que, ok, vivo en el quinto coño del mundo, pero mis amigos están en otros pueblos.. y no me voy a marginar yo para un maldito día que nieva. Les encuentro a todos enseguida. El instituto es el único de la zona que ha intentado abrir, todos los demás están cerrados. Entre primera y segunda hora avisa a todos los alumnos que intentan entrar -que son pocos; por una vez, dejan todas las puertas abiertas para permitir que salgamos y entremos de la calle cuando nos venga en gana- que las clases se han cancelado. Cojemos la puerta y el móvil y en unos minutos nos juntamos nueve personas, una cámara de fotos y noticias de otros pueblos. Guadalajara es la comunidad que peor está, no hace falta que nos lo diga el hombre del tiempo, nos basta con lo que nuestros móviles comunican sobre los pueblos de alrededor. Al este de Guadalajara están mucho peor. Pero a la hora de ir a tomar algo a un bar, poco nos importa que no haya trenes, autobuses ni aviones, la cosa es divertirse... A lo largo de la mañana tiramos bolas de nieve, creamos bolas gigantes, vaciamos los copos caídos en las copas de los árboles sobre nuestras cabezas, reímos, nos congelamos, nos tiramos por el suelo (a mi me arrastraron rodando por una carretera.. acabé con nieve en la tripa, en el culo y un "efecto borrachera" acojonante. Dicen que patinar es muy bueno para endurecer el culo: ponerlo en contacto directo con la nieve es mucho mejor, estoy convencida) y hacemos el idiota de mil formas varias, después vamos todos a casa de una amiga, dónde se juntan unas quince personas, y nos podemos a ver anime. Luego salimos otra vez. Las carreteras ya están limpias y por fin se distinguen las aceras, pero las que van hacia mi pueblo siguen en mal estado y no hay autobús, así que me quedo a comer en casa de una amiga. Llegamos a comer una hora más tarde de lo dicho por su madre, prepara unos deliciosos fideos chinos instantáneos que comemos en pijama y zapatillas de estar por casa (quién me iba a decir a mi, cuándo conocí a esta chica y prácticamente ni me hablaba, que acabaría comiendo en su casa con SU pijama puesto)... después llama un amigo, que si quedamos. Me veo tentada por responder que sí, pero decido ser responsable y declinar la invitación. Tengo que subir a pie a mi pueblo, que son unos 45 minutos andando, por una carretera helada con peligro de accidentes de tráfico, en la que sigue nevando y en cuyos bordes la nieve está por encima de mis tobillos (lo dicho, responsabilidad pura), no es cuestión de añadirle también el factor oscuridad... Pero fue un día cojonudo!!!