El día 24 es un coñazo. Durante el día no hay nada que hacer, por que la gente está en otras ciudades con su familia o no la dejan salir, y apenas puedes estar en la calle un par de horas si hay suerte. Luego está el asunto de la cena. De pequeña me encantaba, hasta los siete u ocho años.. debía de ser la única que las disfrutaba, en ese ambiente de tensión que siempre ha habido y no percibí hasta crecer un poco. No es que en casa seamos grandes mentirosos, lo que somos es grandes actores. Poner una sonrisa falsa y fingir comodidad y felicidad nos resulta más fácil que a una puta la expresión de placer.
Cuando llega mi hermano, el único que viene a cenar -y gracias; cuanta menos gente, menos problemas- me da una tarjeta de felicitación no del todo navideña. Me felicita Yule, una festividad neopagana, alegrándome así la noche. Es una de las pocas personas de mi ambiente normal que conoce estas fiestas y se acuerda de felicitarlas. Durante la cena de Navidad acabamos debatiendo, como siempre, el origen de esta tradición, que está en la fiesta que me felicita él. El tronco de Navidad lo llamamos tronco de Yule, el árbol, árbol de Yule. Menos mal que mis padres nos conocen y están ya acostumbrados a nuestros pequeños sacrilegios. Tan acostumbrados, que entre mis regalos de Navidad hay libros de magia y amuletos. A las once y media me estoy muriendo de sueño, no sé el motivo. Mi hermano se va a buscar a su novia, que viene de casa de su familia para tomar el postre con nosotros. Me tumbo dos minutos y me vuelvo a levantar, no me parece muy educado no recibirla por estar cansada cuando no son siquiera las doce. Nos aguantamos durante el tiempo necesario para que parezca que nos encanta estar en compañía unos de otros, luego se van y yo me ofrezco voluntaria para limpiar y ordenar la cocina mientras hablo por teléfono con una amiga. Mi padre me insinúa que si es con el novio. Hoy mi madre me ha hecho por primera vez la pregunta típica, que se repite de tanto en tanto hasta que te ven casada y con perspectiva de dos churumbeles: "¿Y ya tienes novio?". Les he dicho que soy lesbiana, a ver si con algo de suerte me ahorro así la pregunta para el futuro, pero no se lo creen y siguen con insinuaciones sobre un amigo del que según ellos escuchan hablar mucho.
Por la mañana, los regalos. Decido dejarme hacer un par de fotos con poses tontas, que no suelo permitir, y finjo nuevamente estar encantada de la compañía de mi hermano y su novia, y con el hecho de que mis padres se gasten un dinero que no tenemos en detalles que no necesito. Dejo el instituto y suspendo el 75% de mis asignaturas, y aún así siguen regalándome cosas. En casa somos masoquistas, pienso mientras sonrío desenvolviendo mis regalos tontos -colgantes, perfumes y tangas suficientes para abrir mi propio puesto en el mercadillo.
Entre los dos días, me cebo lo suficiente para engordar mi culo y recuperar los tres kilos que perdí la semana pasada. No me he mirado al espejo, pero si lo hiciera probablemente descubriría que me ha salido un siamés de tanto que he engordado el trasero. El único ejercicio que he hecho ha sido ir a casa de la vecina con un tronco de Navidad casero para ella, y volver con un roscón de Reyes industrial para mi. Debería informarme si en el Telepizza aceptan estos paseos a casa de la vecina como experiencia para el puesto de repartidora.
Y aquí va otra Navidad. Los mismos capítulos repetidos de los Simpsons, la misma compañía, la misma salsa para el pavo y el cordero, el mismo aburrimiento, la misma pelea con el papel de regalo, la misma discusión con la báscula... la misma tradición.

Si, efectivamente, la rutina de costumbre, así es.
Y hoy aun peor, no hay nada abierto, inutil decir "bueno, al menos voy a salir y me tomo un par de gintonics porque....es inutil.
Well, pues yo voy a hacer lo mas práctico que se puede hacer en estas ocasiones, TUMBARME A LA BARTOLA.
Asi es la Navidad niña, en todas las familias (o casi todas, porque quien diga lo contrario miente).
Ya llegarán tiempos mejores.
Un beso y Feliz Navidad :P