Me he saltado la primera clase del curso, quitando ésas en las que me he quedado durmiendo en casa. Puede que sea irresponsable faltar a latín teniendo en cuenta que llevo un curso de retraso, pero, admitámoslo, soy irresponsable. He perdido una carpeta de 8 euros en la que iban mi carnet del instituto y de la Escuela de Idiomas, mis apuntes de todo el curso y quizá mi DNI, y estoy sentada en el ordenador escribiendo mi vida…

Empezamos nuevamente con movidas. Alguien le ha enviado a un amigo un email desde mi correo en horas de clase, no puedo haber sido yo. Y esta vez, sinceramente, me da lo mismo. Si alguien se aburre tanto como para malgastar su tiempo en enviar emails a mis contactos, que lo disfrute, ya que no encuentra otro hobby. Yo tengo demasiado con los míos como para sentir necesidad de averiguar quién es mi puteador anónimo.

Hoy me he encontrado con mi profesor de dibujo de hace dos años. Le he abordado así, de sorpresa. Él estaba en el coche y yo por la calle, me he parado y le he preguntado si da clase en el instituto. Él, titubeando (probablemente pensaba que era una loca o algo así por el modo de abordarle... en cuyo caso no iba muy desencaminado) me ha contestado que sí. En cuanto le dije que me dio clase me reconoció. Me preguntó qué tal y todas esas preguntas típicas, por simple educación, nada de interés real. Entre sus comentarios deslizó uno que me llamó mucho la atención: que era muy temperamental en aquella época. Una insulta a su profesor en la cara y le grita un par de veces y ya tiene el san benito colgado. Entre risas me disculpo por mi mal comportamiento, mientras por dentro recuerdo lo bien que me lo pasé en aquellas discusiones. Se va, me voy, otro capítulo viejo que cierra.

En el bar, suplicando monedas para comprar tabaco –y ésta vez no es para mi; vamos a por la 4ª semana sin fumar- y devolviéndolas en calderilla pura, un hombre me ha dicho: “¡Ey, niña! Estas monedas –refiriéndose a las de 1 cent.- no se las des nunca a un caballero. ¿Sabes por qué? Las llaman las monedas sexuales, por que las buscas en el bolsillo –hace movimiento de perseguir una cosa en el bolsillo de su pantalón- y nunca las encuentras…”. Me he quedado un instante pensando si reírme o decir que gilipolleces ya las escucho en el instituto. He optado por el camino de la amabilidad. Últimamente siempre lo hago. A ver cuándo mando a la mierda a alguien. Sinceramente, sí, hay ganas. Por triste que suene.

Chang me ha enviado un mensaje al móvil. Que si quedamos en Guadalajara. Me ha alegrado el día, es la tercera persona del curso de monitores que se acuerda de mí. Pensé que no habría ninguna que lo hiciera. Las amistades de verano son más falsas que el PSOE hablando de la crisis económica.

Me ha agregado al Tuenti la hermana de la que fue mi mejor amiga de la infancia. La odiaba. Ahora no la conozco. Preferiría seguir odiándola. Tiene 14 años y es la clase de persona que se hace fotos en el baño en un ejercicio de profundo egocentrismo (o de gran reconocimiento al mérito del arquitecto) para hacer composiciones con las imágenes mediante Photoshop. Debería ser ilegal usarlo para semejante imbecilidad. Detesto que la gente cambie.

Mañana tengo un examen. Un examen que, por primera vez, tenía intención de aprobar, siendo un simple parcial de una asignatura que no destaca por resultar interesante.
Por supuesto, no hay nada mejor que perder la carpeta en que llevas los apuntes y los esquemas que llevas una semana preparando en la víspera del examen para aprobarlo. Suena a excusa barata, como aquella vez en primaria que el perro se subió a la mesa del comedor y se comió mis deberes. El profesor pensó que era una excusa, pero no era cierto. Jamás he puesto una excusa tan cantosa. Las cosas cantosas siempre me ocurren de verdad.

Y éste ha sido, en resumen, el día de hoy.