Y. fíjate, ya van dos años. Dos años y dos días de aquel concierto. Jueves, treinta y uno de agosto, Alcalá, Pereza. Catorce euros la entrada. Empezó a las once, no re uerdo cuándo temrinó, y me lo pasé de puta madre, como siempre que nos juntábamos tú y yo para hacer un rato el gilipollas. Me quedé a dormir en tu casa, en la buhardilla, y tal vez fue aquella la ocasión en que ambas nos dormimos viendo una de miedo, y me desperté yo horas después para apagar la luz.
Y, fíjate, casi año y medio que no nos hablamos. Y tiene gracia, ¿sabes?, por que durante todo aquel tiempo era yo quien tenía ganas de mandarte a la mierda, y aguanté en nombre de la amistad, y al final fuiste tú quien dejó de hablarme. Y ahora, tiempo después, lo único que quiero es saber si estás bien, por que yo siempre lo dije: soy mucho mejor como enemiga que como amiga, y las pocas personas a las que he contado entre mis verdaderas amistades, tú incluida, afirman que soy buena amiga. Y te hecho de menos, sí, y me gustaría volver a hablar contigo. Enviarte estas lineas, incluso. Como aquella vez que nos peleamos en tercero, y las dos nos mostrábamos orgullosas, hasta que di mi brazo a torcer y se arreglaron las cosas. Tiempo después me confesaste que en aquel mes que no nos hablamos me habías hechado de menos, y yo me alegré de saber que no era la única a la que le venía el rostro de la otra a la cabeza cuándo escuchaba tu canción favorita, que siempre estuvo de fondo en nuestras conversaciones telefónicas, reproducida en tu ordenador, lamentando haber sido tan gilipollas como para decirte que no me hablaras en la vida, igual que cuando ahora escucho algo de lo que Pereza tocó en ese convierto me pregunto si alguna vez volveré a tener tanta confianza con alguien como para hablar por teléfono sin abrir la boca, como cuando nosotras sujetábamos en auricular en nuestro oído viendo la tele e ignorando a los de telefónica.
Pero la vida da tantas vueltas que jamás me atrevería a enviarte esto, que ni siquiera publicaré yo, si no una persona que conoces, que admirabas o admiraste, aunque no tuvieses el valor para reconocerlo, que escuchó mi primera crítica hacia ti, y que, irónicamente, ha resultado mejor amiga que tú, a pesar de no haber estado nunca en la categoría de “verdaderas amistades”. Vueltas de la vida, ya te dije. Y me gustaría que la vida diese más vueltas aún, y te colocase dónde corresponde, en la posición de “amiga guapa y popular que a veces toca mucho los cojones, pero sigue siendo estupenda”. Y, sin embargo, si me cruzo algún día contigo, te miraré como diciendo: zorra. Y no estará de más, por otra parte, por que tú y yo sabremos que no estaré mintiendo.
Lo que no quita que me gustaría que las cosas fuesen distintas.

UNA AMISTAD ES UNA AMISTAD
NO LA PIERDAS POR NADA
Bueno, no sé, si merece la pena no hay que perderla; pero a veces, con la perspectiva que da la distancia, se ve que no. Mira, es tan genial lo que has escrito, que no sigo, buena gana de cagarla¡¡
Besos