Al final hoy, haciendo todo un esfuerzo de voluntad (a decir verdad, tras levantarme antes que el sol durante todo agosto, ir a clase a las diez no merece ningún premio al trabajo duro) me he acercado otra vez al instituto, a echar un autógrafo. Y ha merecido la pena.
Los exámenes están más que suspensos, por supuesto. En el de matemáticas comencé a hacer algún ejercicio, hasta que me aburrí y me fui, sin intentar hacer otros que me sabía. Si voy a repetir, me da igual que sea con un 0 que con un 1. Y menos desde que la nota mínima que puede poner un profesor en un boletín de notas es un 1. Si ya tengo "ganado" el 1, no me voy a pelear con él, que tampoco es tan útil. Al de historia entré por aburrimiento. Pedí a una amiga tres bolígrafos de colores y entré con ellos en la mano, con la única intención de decorar mi firma. Escribí mi nombre adornado, y 17 palabras (sí, contadas) sobre Quesnay, que prácticamente me inventé. Entonces recordé mi teoría de "para perder el tiempo y sacar un 0,75 mejor pierde el tiempo tomando un café". Dejé la definición a medias (no conozco a nadie que haya aprobado esta asignatura con menos de tres folios escritos, así que no merecía la pena estrujarme el cerebro para dos decenas de palabras) y salí del aula.
Cuando me iba para casa, recordé que ni siquiera me había acordado de escribir mi apellido en la firma. Así las cosas, entro únicamente con la intención de firmar y lo hago mal. Soy única.
Pero como decía, ha merecido la pena. Por que volver a reír con las amigas dentro del ámbito de siempre, volver a charlar con las compañeras, volver a ver la cara a las tres profesoras que más odio y reírme de ello en grupo es genial. Por que soltar mis respuestas típicas a mi tutora es algo que va dentro de mi, y ya era hora de sacarlo ("Has salido muy rápido del examen de matemáticas". "Sí, es lo que tiene no haberlo empezado". Cara de odio de ella, descojone de los que estamos presentes). Y cagarla, sobretodo, cagarla y descojonarme por ello (tres chicas, el patio del instituto. Hacemos gala de toda nuestra ironía criticando a nuestros profesores... no por maldad, por reírnos. De repente nos fijamos en que está la ventana abierta, nos asomamos, y está una persona que protagonista de muchas de nuestras risas, y amiga de los protagonistas del resto. Y a mi me pilla mirando. Y me río, como no hacía desde junio)

Irónicamente, es relajante repetir curso. Y si me preguntas cuando estoy con mis amigas, no podré ni decirte que este verano un par de veces me ha dado mal rollo esto de volver a primero de bachillerato, ni contarte que tampoco me ha afectado tanto como pensaba, por que estaré muy ocupada haciendo chistes sobre el tema.

Hacía mucho que no me alegraba de la vuelta al cole.