Ufff, si ya ni me da tiempo de escribir. Esta semana ha sido.. rara. Excepto tres días en los que no andaba con ganas de quedar, he pasado los días en la calle, empalmando planes. No me lo he pasado increíblemente bien, pero tampoco me he aburrido. Ha habido tiempo para hacer muchísimas cosas, desde tirarme la tarde entera leyendo a quedar con tres grupos de personas distintos en menos de 12 horas, sin pasar por casa y sin gastarme más de 7,55 euros (esto no me había pasado en la vida.. mi dinero tiembla cada vez que salgo a la calle) hasta ir por primera y por segunda vez a la piscina pública del "pueblo" (que de pueblo tiene poco, dado su tamaño) del pueblo en el que estudio. También ha sido mi cumpleaños. Me dio por "celebrarlo", que no lo hacía desde los once años. En realidad era una excusa para quedar con unas cuantas personas que normalmente no se aguantarían entre si, y salir con todas ellas sin que pongan pegas. No lo sentí en absoluto como un día especial. Pero fue divertido. Lo mejor de todo, cuando estábamos en mitad de la calle, comentando unas con otras algunos cotilleos tipo "quién se ha liado con quién y hasta dónde han llegado". Al cabo de unos minutos nos levantamos para irnos, y nos llegó una voz de un hombre desde detrás. Divertido, bromeó: "no os vayáis, seguid contando, que me dejáis con la intriga". Yo me hubiese quedado bromeando, el hombre era simpático, pero al final nos fuimos a tomar algo.
Pero lo interesante fue ayer. Mi hermano (D.), al que hace como dos meses que no veo, me dijo que si les acompañaba a él, a su novia (E) y al hermano de su novia (A) a la bolera por la noche. Fue algo muy curioso. Me explico: para empezar, D. y E. son pareja desde hace muchísimos años, y, sin embargo, A. no conocía a mi hermano, y aunque a mi me han presentado a E. en dos ocasiones, nunca he cruzado una sola palabra con ella.
La primera vez que vi a E., fue cuando yo tenía trece años, y ella aún no había cumplido los 17. Recuerdo muy bien la situación, que era rarísima. Recuerdo el mes y el día de la semana que era, y el vestuario que ella llevaba, y el lugar en el que estábamos y el por qué estábamos allí. Desde entonces, quizá desde antes, he sentido una gran curiosidad por su persona. Por que por ella y por las circunstancias de su vida mis padres me han demostrado una faceta muy extraña suya, he vivido situaciones insólitas dentro de mi casa. Era una persona rara y me fijé desde el primer momento. Me obsesionan las personas raras: hay pocas. Por eso, la segunda vez que me la presentaron fue casi conflictiva para mi. Muy, muy extraña.
Por otro lado está lo de A, su hermano. Cuando yo estaba en preescolar y primaria, él iba a mi colegio. Era amigo de otros dos chavales que constituían los "enemigos" de mi grupo de amigas, no los soportábamos. Por las vueltas que da la vida, llegó un momento en el que le perdí la pista. A esos otros chavales les veo casi a diario, son dos porreros consentidos por sus padres, que tienen mi edad y creo que están en 2º o 3º de ESO.
No me volví a acordar de él hasta 2º de ESO, época en la que E. era el tema de conversación favorito en mi casa, de modo que me enteré de que su hermano iba a mi instituto y tenía mi edad. Tras un par de días descubrí quién era. Su cara no había cambiado lo suficiente para no reconocerle. Él, hasta ayer, nunca supo de mi existencia. En cambio, yo durante algún tiempo repetí esa especie de obsesión en él. No por que fuera una persona distinta, como su hermana, ni por que me sintiese atraída por él. Era otra cosa. Me extrañaba la sensación de saber más cosas de su vida de las que él mismo sabía. ¿Sabrá que el novio de su hermana tiene 20 años más que esta?, ¿sabrá ya que su hermana se ha escapado de casa, o quizá se lo intentan ocultar?, ¿habrá hablado con su hermana desde que se fue?, ¿sabrá dónde está, en qué ciudad?, ¿sabrá qué ha sido de su vida, quiénes son sus compañías? Muchas veces me sentí tentada a intentar iniciar una conversación con él, para averiguar más cosas sobre su vida, aunque era consciente de que no podía contarle las respuestas a algunas preguntas que, tal vez, le hubieran resultado útiles.
Ayer descubrí que E. es simpática. Sigo sin saber qué ve en mi hermano, pero puedo entender lo que él ve en ella. Respecto a A, comprobé que, efectivamente, sabe algo menos que yo de todo este asunto, y creo que ansía saber algo más. Me alegré de ver que no ha seguido el ejemplo de sus amigos de infancia. Es un chaval tranquilo, introvertido pero simpático. Me gustaría volver a verle. La situación ayer era rara, pero quizá en otro ambiente sea un poco más abierto y le resulte más fácil entablar conversación.

En todo caso, ayer di respuesta a las preguntas de toda mi adolescencia sobre dos personas de las que sabía bastante, en un caso por oídas, en otro por propia observación. Pensé que me resultaría chocante, pero no ha sido nada incómodo (al menos, no para mi). Ya puede dormir tranquila esa parte de mi que en los pasillos del instituto miraba a A. desesperada por saber, exactamente, a quién miraba.