En el curso de socorrismo estoy aprendiendo muchas cosas. Desde hacer una RCP a descubrir que quiero ser voluntaria de esta organización (estoy en proceso), pasando por darme cuenta, una vez más, de que las personas no son lo que parecen.

Elisa tiene 15 años. El primer día me pareció extremadamente tímida, pues tartamudeó mucho cuando le preguntaron su nombre. Poco a poco se ha ido volviendo más abierta, y he compartido con ella más de un comentario, de una risa y de una charla. Nunca fueron muy profundas ni más allá de cosas como el temario del curso que estamos haciendo, pero tenía interés en descubrir más sobre ella. De vez en cuando hacía comentarios que aumentaban mi interés, pues abrían una rendija para saber sobre su situación personal. Ayer, en el descanso, se fue la mayoría de la gente a tomar un café. Cuatro personas, ella incluída, nos quedamos en la calle tomando el sol y hablando, y descubrí mucho más sobre su historia.

Cuando era pequeña su padre tuvo alguna clase de accidente. Con el coche, creo. Quedó en silla de ruedas. Su madre se debió de largar, y fue ella, Elisa, quien tuvo que cuidar de su padre como pudo. Soportó burlas, insultos y maltratos físicos en el colegio por todo esto, los niños se reían de ella por las desgracias de su padre. A los nueve años comenzó a fumar, y no precisamente poco, nos contó que hasta dos cajetillas diarias sin problemas. Ha pasado por varios centros de menores, no por ser problemática (aunque algo de ello tiene), si no por que no tiene quién se haga cargo de ella. Llegó hace poco tiempo a un centro de mi pueblo, no más de dos o tres meses. Hace uno abortó. Aborto natural, aunque en el hospital, mientras intentaba abortar artificialmente, así que tampoco hay mucha diferencia. Sonrió relatando que estuvo tres días sin comer ni beber -suero en vena, y gracias-, y que los médicos le dijeron que ni se le ocurriera fumar, pero que en cuanto pudo salió a la calle a echarse un pitillo. Su padre fuma -¿o fumaba?- igual que ella, de camino al hospital en la ambulancia pidió tabaco. Él está enterado de que su hija también tiene el vicio y no le importa, pero ella tiene que disimular ante los educadores sociales, con quienes convive. Nos comentó también historias acerca de peleas que ha tenido, y malos rollos en general.

Y, sin embargo, tiene un lado completamente opuesto. Quiere ser geriatra -quizá el cuidar a su padre le ha influído a la hora de desarrollar el gusto por atender a personas mayores. Es muy educada, la primera en saludar cuando entra alguien a la sala donde estudiamos primeros auxilios. Muy atenta, también: siempre se preocupa por que todo el mundo esté sentado, por que todo el mundo tenga las fotocopias que nos pasan los monitores, que todo el mundo vea la pizarra... Es su lado más humano, que, al igual que su "parte oscura", la tiene mucho más desarrollada que la mayoría de la gente.

Es una persona de extremos. Y no sé si considerarla buena o mala influencia. Pero es genial.