- ¡Mira, extranjeros!
- ¡No seas tonta, tía! Se dice güiris.

Es un estracto de una conversación entre dos personas de mi instituto el otro día. Lógico que estuvieran alucinadas de ver güiris; estando en Madrid, en mitad de Sol, es bastante difícil ver gente no española.

...

Ayer fuimos de excursión a Madrid. Y no podía salir de mi asombro al descubrir que la muchas personas no habían ido en metro más que dos veces en su vida; que había quienes aún no habían pisado esta ciudad; que se asombraban por tonterías -si, hijo, sí, hay una cámara de televisión. En Preciados, ya ves, qué poco común- y que más de uno ni siquiera sabía cuándo se tarda en llegar en tren a esta zona desde donde vivimos.

A nuestro lado, los de Parla con los que nos juntaron en la visita al Congreso parecían gente de mundo.

Mientras la mitad de mis compañeros descubrían la extraña y desconocida CAPITAL DE NUESTRO PAÍS, a apenas CINCUENTA MINUTOS de sus viviendas -hay que comprenderles; 17 años no dan para viajar a la comunidad autónoma de al lado-, yo miraba los rincones por los que ya no puedo pasear con "ellos" -desde que mi madre descubrió que suelo escaparme a Madrid me pide hasta los billetes de tren como certificado de que no he ido más allá de Alcalá de Henares- si quiero evitar estar castigada hasta los 18 recordando episodios, y comentando alguno en voz alta. Me acabo de enterar que incluso me crucé con alguien de ese "ellos", pero no me fijé (jum :( )

Querida mamá: casi deberías sentirte orgullosa de que tu hija se escape a pasear por allí. Es bastante vergonzoso que una persona de mi edad no sepa entrar al metro, ¿no crees?